Hoy es otro día más, en el que me levanto, recuerdo que ya no te tengo, que ya te marchaste, y no encuentro mejores motivos que esos para arrastrar mis pies, medio cerrar los ojos, y seguir por seguir. Porque te fuiste en el peor de los momentos, cuando ya mi piel llevaba tatuada tu tacto, y siempre dando respuesta a todas tus caricias se erizaba por completo. ¿Qué le digo yo a mi boca? Si parece que reniega cualquier sonrisa que le mando, y no desea probar otro néctar que no sean tus labios. Solo soy aquella que te suplicaba cada noche, “no te marches”. Me obligan a respirar un aire que ya no lleva tu nombre. Vendrán las grietas a mi casa, vendrán las noches negras, vendrá la ropa desgastada, los ojos sin pintar… Y me acostumbraré. Lo llevaré como quien lleva maleta a cuestas. Y duele, pero que mas da si sigues faltando. Necesitando de ti, partiéndome el alma en cada frase. Y que conste, que me estoy acostumbrando. Hagamos un pacto, no vuelves a aparecer y yo aprenderé a vivir con ello.
Peor que el olvido…fue volverte a ver.




